¡A LA HUELGA GENERAL!

septiembre 29, 2010

CONTRA EL CAPITALISMO, SU GOBIERNO Y SU CLASE POLITICA: PARA HACER RETROCEDER SU OFENSIVA CONTRA LAS CONQUISTAS OBRERAS

¡A LA HUELGA GENERAL!

Hoy los trabajadores estamos en la calle. Estamos en Huelga. Porque todos los banqueros, los patronos, los especuladores y sus políticos nos han metido en la peor crisis de la Historia. Y saben que esto no ha hecho más que empezar.

Esta crisis la han creado ellos y su sistema, el capitalismo. Es mundial, afecta a todos los países. Pero aquí adquiere unas características peculiares que no podemos perder de vista. Es el resultado de un proceso que arranca de muchas “burbujas”, especulaciones y políticas económicas orientadas sólo a que los ricos ganaran más. A costa de los trabajadores. A los estallidos de las burbujas tecnológicas de hace una década respondieron con una sobreproducción financiera (especulativa, de papeles que sólo tienen valor en las bolsas). Y militar, produciendo armas de todo tipo, a costa de nuestros impuestos y metiéndonos a todos contra nuestra voluntad en las guerras (lideradas por USA) y destrucciones que hoy padece el Planeta: Afghanistán, Iraq, Congo,… También especularon con el precio del petróleo, a la vez que se garantizaban el control de todo tipo de materias primas y fuentes de energía. Incluso especularon y especulan con los alimentos (“futuros” les llaman ellos), condenando a la miseria y el hambre a la mayoría de la Humanidad. Pero además desarrollaron, en USA y en España especialmente, una especulación inmobiliaria sin precedentes. Hasta que les estalló en la cara la crisis de las hipotecas subprime en 2007.  

En España, los últimos gobiernos de Aznar y los de Zapatero, allanaron el camino legal para que bancos, inmobiliarias, fondos de inversión y ayuntamientos se lanzaran a la especulación de suelo urbanizable, desatando la construcción desaforada de viviendas residenciales, replicando así el mismo modelo de USA. Tuvimos, tenemos aquí, nuestra propia burbuja subprime, a base de “titulización”, de escamoteo o disfraz, de activos financieros, de paquetes de deuda hipotecaria prácticamente incobrables. En efecto, la borrachera especulativa en la que al parecer “todo el mundo ganaba dinero”, se generalizó: los bancos eliminaron cualquier filtro para la concesión de unas hipotecas que hacían casi imposible la adquisición de vivienda “libre” por los trabajadores jóvenes y consiguientemente forzaban a los ayuntamientos y comunidades a construir viviendas subvencionadas a precio inferiores a los de “renta libre”, en lo sucesivo sería el “mercado” el encargado de garantizar el cumplimiento del artº 47 de la Constitución, y todos, ayuntamientos, bancos, inmobiliarias, constructoras, vieron el cielo abierto para, en lugar de satisfacer una necesidad esencial, ganar dinero al socaire especulativo del aumento permanente del precio del metro cuadrado de vivienda construida, que entre 1998 y 2007 aumentó un mínimo del 300%.

Nadie pareció advertir, ninguno de todos esos “brillantes” economistas a sueldo de bancos y gobiernos, que se estaba hipotecando el futuro de una generación de trabajadores jóvenes que adquirían sus viviendas con salarios submileuristas o mileuristas. Obligados a no perder su trabajo porque perderían sus casas, se habían convertido ellos mismos en esclavos de los bancos de por vida. En el momento que los precios inflados “del ladrillo” cesaron de crecer y dejó de ser refugio de la inversión especulativa, fue palmario que se estaba en presencia de la clásica pirámide estafadora. Y la crisis, en su versión específicamente española, llegó mientras ZParo negaba la evidencia.

Tras la crisis de la deuda griega, y ante la amenaza de su extensión a todos los países de la UE, el gobierno del PSOE contrajo el compromiso de reducir el déficit público del 12 al 3% del PIB para 2012. Para ello el camino son los recortes del gasto público: el tijeretazo que ha supuesto la congelación de las pensiones; la rebaja de salarios en un 5% a los funcionarios; y la congelación del gasto público en un total de 50.000 millones de €. Todo ello el gobierno ZP lo vendió al principio como presiones impuestas por la UE, por el Banco Central Europeo, con el apoyo del FMI, la OCDE, la llamada telefónica de Obama,  con lo cual su servidumbre quedaba de manifiesto, y de camino por los suelos la supuesta “soberania nacional”, para inmediatamente cambiar el paso y “venderlas” como exponente de una política “responsable”, e incluso “social”, sacando de nuevo a pasear la vieja burra del “interés nacional”, junto con la “lealtad” a los socios y aliados de la UE. Medidas –se nos dice– necesarias ante los ataques especulativos que estaba sufriendo la deuda pública española que al inicio del verano batió nuevos récords negativos. A los especuladores que tienen deuda española sólo les interesan las garantías de poder cobrarla con sus altísimos intereses, y les trae sin cuidado que los recortes impidan la recuperación de la economía, como en efecto sucederá. Por eso, cuando decimos que LA CRISIS LA PAGUEN LOS CAPITALISTAS, debemos añadir que LA DEUDA LA PAGUEN CAPITALISTAS Y ESPECULADORES.

No contento con el Tijeretazo, el gobierno ZP impone la reforma laboral con el propósito de abaratar las indemnizaciones por despidos, permitiendo el “despido preventivo”, la indemnización de 20 días por año, con 8 de ellos financiado por el FOGASA (dinero público), la desaparición del despido nulo, etc. Hacen una reforma laboral para aumentar el paro aún más, cuando ya ronda los 5 millones. Para aumentar la precariedad y para bajar los salarios. Por eso era necesaria esta Huelga General, que tanto se ha hecho esperar. Una Huelga convocada por todos los sindicatos (no sólo los “mayoritarios” institucionales), y apoyada por movimientos sociales y todo tipo de entidades que la contemplan, no como el final de un ciclo de “concertación” social, sino como el comienzo de un periodo de luchas radicalmente anticapitalistas. Retomando la ofensiva, desde las instancias asamblearias de base

Hoy, cuando la situación no tiene visos más que de empeorar, se hace necesario refundar el Movimiento Obrero. Desde un sindicalismo que luche por mantener los derechos que aún nos quedan y por recobrar los perdidos en los últimos años y aumentarlos. Un Movimiento Obrero desde la base, donde sean los trabajadores implicados quienes decidan en todo momento. Un Movimiento Obrero que luche por obtener mejoras, pero también con una aspiración insobornable por una sociedad igualitaria y radicalmente democrática: UNA SOCIEDAD SOCIALISTA MUNDIAL.

¡VIVA LA HUELGA GENERAL!

Ésta es la Hoja Informativa que distribuimos en las movilizaciones de la jornada de Huelga general en España. Puedes descargarla en el enlace:  Contra el capitalismo … ¡a la Huelga General! (pdf)

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Frente a la Barbarie en la que nos hunde el Capitalismo, ¡a la HUELGA el 29 de Septiembre!

septiembre 22, 2010

Esta nueva crisis del capitalismo ha hecho que treinta millones de personas más pierdan su puesto de trabajo. Y ya son más de doscientos millones de parados en todo el mundo, sin contar los millones que ni siquiera tienen derecho a que se les considere oficialmente desempleados. La precariedad y la pobreza se instalan incluso en los países más desarrollados, y entre los más de 1000 millones de pobres que existen hay que incluir a uno de cada siete norteamericanos. Una realidad impensable para la mayoría hace tan sólo una década, cuando los mismos que ahora nos dicen que esto es así y que tenemos que aguantarnos nos engañaban hablándonos de progreso y desarrollo infinitos. Pero no, el capitalismo está en crisis, una crisis total que dinamita su propia esencia, pues “para existir el capital tiene que crecer, es decir, adquirir un nuevo valor”. Y ya no puede. El capitalismo está en recesión, no sabe cómo seguir adquiriendo nuevo capital, no sabe de dónde acumular mayor riqueza y valor. Sólo tiene una salida: hundir aún más en la pobreza a millones de trabajadores, robándoles más de su salario, y privatizar lo poco que queda, en algunos países, de propiedad pública para hacer negocio con las necesidades básicas de la población: el agua, la sanidad, la educación, los transportes, etc.

Esto no es catastrofismo: es la realidad que sufrimos diariamente los trabajadores. Mientras, la contradicción inherente del capitalismo se refleja también en cifras: los beneficios empresariales siguieron creciendo en estos años, mucho más que los costes laborales. Esto significa que el poder adquisitivo de millones de trabajadores ha disminuido en los últimos años, incluso en los periodos de crecimiento económico. Otro dato evidente, y que vemos en nuestras ciudades y pueblos, es que el endeudamiento de las familias es inversamente proporcional al enriquecimiento del capital financiero, de los bancos, las constructoras y las inmobiliarias. Con la crisis, la importancia de las rentas del trabajo está disminuyendo, lógicamente, por el incremento del paro y por el deterioro de las condiciones laborales. Es decir, lo que estamos viendo todos los días: muchos trabajadores para ganarse la vida “aceptan” trabajar sin contrato, más horas o de aquí para allá, haciendo lo que se puede y lo que les dejan. 

Pero esta crisis, precisamente por ser internacional, ha hecho que los trabajadores adquiramos mayor conciencia de lo que somos, la fuerza de trabajo explotada todos los días por los capitalistas y sus estados. Esta conciencia sí creemos que, en estos últimos años, se ha desarrollado entre los trabajadores. Una conciencia de clase, de lo que uno es en realidad y del papel que uno ocupa realmente en la sociedad. A su vez, hemos visto también cómo se ha fortalecido la idea de que sólo la solidaridad entre el proletariado de todos los países puede sacarnos de la crisis.

Esa conciencia es consecuencia y causa de la mayor conflictividad laboral y social existente en muchísimos países. Los datos de huelgas, huelguistas, manifestaciones y reivindicaciones lo dicen todo, aunque las televisiones del sistema no informen de ello. Desde España a la India, desde China a Francia, desde México a Grecia, desde Sudáfrica a Argentina, desde Estados Unidos a Islandia. Por todas partes se extienden y se endurecen las movilizaciones. El capital es el que nos empuja a la lucha por la subsistencia y a la lucha para vivir mejor, y es el que nos empuja a los trabajadores a que establezcamos lazos comunes, al darnos cuenta de que sólo así podemos conseguir nuestros derechos. La consigna de una Jornada de Lucha Internacional para el próximo 29 de Septiembre, especialmente en toda Europa, es una prueba de ello; como lo es también la solidaridad internacional que ha habido, especialmente, con las luchas de los trabajadores griegos, con las huelgas en México, Portugal, Francia o las que se están produciendo en Egipto, China o India, donde cientos de millones de trabajadores tienen como reivindicaciones mejores salarios y mejores condiciones laborales.

En estas luchas y conflictos también estamos viendo reflejado cómo la conciencia de la necesidad de un cambio radical también crece. Los trabajadores no sólo critican abiertamente en ellas a los capitalistas, a los empresarios y a los bancos, sino también a sus gobiernos, a sus estados y a las instituciones internacionales, que son el instrumento de la clase dominante. Los trabajadores ven que no hay esperanza en esos gobiernos que aplican la dictadura de las leyes del mercado, y que no van a hacer nada por impedir esta dinámica bárbara y destructiva. Por el contrario, los gobiernos cada vez protegen menos a los trabajadores, hundiendo el gasto público social y los derechos laborales, a través de reformas laborales, recortes de todo tipo, aumentos en la edad y los requisitos para jubilarse,… Es lo que ha hecho el gobierno de Zapatero y por eso los trabajadores haremos Huelga General el próximo 29 de Septiembre. Los gobiernos se han convertido en un auténtico peligro para la clase obrera, pues no sólo entregan el dinero de todos a los bancos, sino que nos lo hacen pagar a nosotros, los trabajadores.

La solidaridad internacional surgida de la necesidad, de la realidad económica material que vivimos, también se expresa en las reivindicaciones, que son las mismas en todos los países: el reparto de la riqueza y el trabajo, mejores salarios y mejores condiciones laborales, una jubilación digna para todos y cuanto antes mejor, el mantenimiento de los servicios públicos y sociales, etc. Hacía muchos años que no veíamos tantas protestas, paros, huelgas y manifestaciones en las que el proletariado tomaba conciencia de lo que es; hacía mucho tiempo que no veíamos a tantos jóvenes y trabajadores participando en reuniones, asambleas y manifestaciones; y hacía mucho tiempo que no veíamos como el “internacionalismo proletario” crecía en todos sitios. Y no sólo entre los trabajadores más conscientes, sino entre muchos otros, entre quienes nunca han leído El Capital de Marx ni estaban acostumbrados a luchar. Incluso vemos como son rechazadas las trampas que el sistema nos tiende a cada paso para distraernos: el nacionalismo, el localismo, la xenofobia, el racismo y el individualismo no calan entre la mayoría por más que el sistema lo intente, porque sencillamente, la mayoría no somos tontos y sabemos que el capitalismo es el verdadero enemigo. Se está propagando un internacionalismo proletario como única respuesta al capitalismo, y en nuestras manos está fomentarlo en nuestros trabajos y en nuestros barrios. Y también darle forma, moldearlo, y conseguir que las luchas no sean ni defensivas ni ofensivas, sino luchas todas contra el capital y sus gobiernos: para construir una sociedad sin propiedad privada, sin clases sociales y sin estados, donde nadie pueda apropiarse de la riqueza de todos.

Hay un interés común y es que no se quiere gestionar el capitalismo y su riqueza burguesa, se quiere producir riqueza por y para los trabajadores. Esto se ve, por ejemplo, en las ocupaciones de fábricas o empresas que se han producido en muchos países en los últimos años, especialmente en Argentina, pero también en Alemania o España. Además, se ve en las Asambleas de trabajadores, como ha pasado en España (en Madrid) en la última huelga del Metro: porque la gente empieza a entender que ellos y ellas son los que hacen que las cosas funcionen, que no hacen falta empresarios y políticos, y menos aún burocracia sindical para firmar convenios colectivos a la baja, ni organizaciones caducas que no nos representan. Una nueva conciencia que dice ¿para qué pactar si siempre salimos perdiendo? está calando hondo entre los trabajadores. Esta nueva imposición capitalista ha hecho que de la cultura del pacto y la negociación con el capital se pase a una cultura de la resistencia y, desde ahí, a que “la cultura socialista radical, crítica, democrática y asamblearia” se refuerce.

Sabemos que la barbarie capitalista continuará hasta que los trabajadores construyan el socialismo. Por eso, los compañeros que integramos Democracia Comunista Internacional participaremos en todas las luchas, aportando nuestra perspectiva internacionalista e intentando que los trabajadores se autoorganicen en Asambleas, populares y unitarias, y que éstas hagan que las luchas y las Huelgas Generales pasen a ser verdaderos procesos de Huelgas de Masas. Porque la emancipación de los trabajadores sólo será obra de los propios trabajadores.

DCI-OML, 22 de Septiembre de 2010


Frente a los ataques del capital, ¡Huelga General en la Unión Europea!

junio 11, 2010

Quienes hacemos Alternativa Proletaria queremos mostrar nuestra solidaridad con los cientos de miles de trabajadores que ayer hicieron Huelga y salieron a la calle a manifestarse en una jornada de lucha, protestando así contra el robo de sus salarios y los recortes sociales. A su vez, queremos animarl@s a que sigan en la lucha, a que no se dejen amedrentar por la presión de los medios de comunicación capitalistas y que rompan la desidia de las organizaciones políticas y sindicales que se autodenominan de izquierdas.

Nosotros, en España, estamos afiliados a los sindicatos CGT y CNT y hemos ayudado y participado, en la medida de nuestras posibilidades, en todas las acciones que se han celebrado en estos días atrás en nuestras localidades, sean o no de nuestros sindicatos. La Huelga de ayer no fue ni un éxito ni un fracaso. La nueva realidad económica impone sus reglas, con la norma legal de convocatoria al capitalista, por ejemplo, le da tiempo prever y reestructurar la producción y la productividad sin ningún problema, de ahí que la incidencia pueda parecer escasa.

Pero si algo quedó claro ayer es que, por ahora, sólo los funcionarios pueden hacer Huelga y no ser despedidos al día siguiente por los empresarios. A pesar de tantos años de desprestigio, de una política sindical errónea y de que incluso algunos pretendan hacerles perder su derecho laboral por haber aprobado unas oposiciones, ellas y ellos, quienes tienen un trabajo fijo, pueden y deben abrir el camino hacia la Huelga General de todos los trabajadores españoles, para frenar todo lo que se nos avecina, y veremos, desgraciadamente, en nuestras nóminas y en los servicios públicos y sociales dentro de muy poco. ¿Dónde llevará todo esto? ¿Fue la Huelga de ayer el ensayo de otra más fuerte contra Zapatero y sus recortes?

El primer reto que tenemos está en eso precisamente, en RECUPERAR LA UNIDAD DE LOS TRABAJADORES, en romper la división ficticia creada por el capital entre funcionarios/y no funcionarios, autóctonos/inmigrantes, sexo, región, nacionalidad, parado/activo, etc., sólo hay trabajadores y capitalistas, es decir, burgueses y proletarios, y quienes apoyan a unos y a otros. Romper esa división es fundamental para afianzar la unidad de las luchas. El capitalismo, en estos días, está atacando salvajemente unas conquistas sociales arrancadas en decenios de lucha y la respuesta de los trabajadores tiene que ser desde la unidad. Superar la indecisión, la división y la mojigatería (o falta de audacia) hará que incluso las luchas victoriosas parciales o sectoriales (que hasta el presente terminaban siendo pura insuficiencia en el marco capitalista) conduzcan al fortalecimiento proletario contra el capital.

Ayer, los trabajadores con conciencia de clase y miles de activistas sabían que era su obligación salir a la calle, que había que estar ahí, que la militancia es hacer panfletos, repartirlos en los centros de trabajo, en los institutos, en las plazas, poner carteles, animar a la gente a hablar, a opinar, a criticar a quien sea, esa es la lucha obrera diaria que tenemos que aprender y hacer y que ese es el camino para ser más, y, por supuesto, para criticar en la calle a quienes aplauden al capital, demostrándoles que no nos vamos a quedar de brazos cruzados, que ya no nos valen las excusas como “no me gustan los sindicatos y no voy con ellos”, “esto no va conmigo”, “yo no hago Huelga para que encima me quiten más dinero”, etc. Todo eso es palabrería de la derecha y de la supuesta izquierda, que hoy saca pecho en todos los medios de comunicación diciendo que los trabajadores no tienen organizaciones sindicales ni sociales, que son pocos, y hay que seguir la ofensiva para que nosotros paguemos la crisis, imponiendo una nueva reforma laboral el próximo 16 de junio. A todos aquellos que tienen esta actitud también tenemos que combatirlos en nuestros centros de trabajo, barrios, ciudades, plazas y hasta en los bares.

Nadie sabe mejor cómo está la clase obrera española que los trabajadores con conciencia de clase y, especialmente, los activistas y militantes de base. Somos muchos los que llevamos años hablando y discutiendo sobre la pasividad, la despolitización, el miedo, el conformismo,…, todo lo que describamos es poco, pero es una realidad que se ha generalizado entre la clase obrera española en los últimos treinta años. Las razones también las conocemos, el capital y su ideología se imponen a través de sus medios, así como la labor de desmovilización social que han llevado a cabo las organizaciones que se autodenominan representantes de los trabajadores que lo único que han buscado es un sillón o pactar con el enemigo. ¿Ha cambiado la tendencia?

Lo que ha hecho el PSOE en este sentido no tiene nombre, sobre todo porque abre con su política el paso a la derecha y al nacionalismo y lleva a la desilusión, una vez más, a millones de trabajadores. Por su parte, IU cuando ha tocado el poder no ha realizado una política ni tan siquiera socialdemócrata, se ha adaptado totalmente a las necesidades del capital. Pero, sin duda, lo que han hecho los sindicatos Comisiones Obreras y UGT, pactando y pactando, tragando y tragando todo lo que le ofrecían, garantizándose sus opulencias propias en la época del despilfarro, ha roto cualquier posibilidad de vertebrar en torno a estas organizaciones un nuevo movimiento obrero combativo. Pero esto se ha acabado, la crisis económica capitalista se va a llevar por delante incluso a todas las organizaciones políticas que lo único que pretenden es gestionar la riqueza de la burguesía o a las organizaciones sindicales que se dedican sólo a negociar convenios colectivos con los empresarios. Ya no se le puede decir a la gente “vótame a mí, que este es muy malo”, o “hay que buscar la paz social y negociar con los empresarios”. Ya no podrán prostituir más las huelgas porque serán la culminación de un profundo proceso de luchas y acciones colectivas.

El descrédito de todas estas organizaciones es brutal. Sabemos perfectamente que las estructuras de las organizaciones están caducas, no sirven, y los burócratas sindicales son unos inútiles y un peligro para el conjunto de los trabajadores. Pero, a su vez, sabemos que el sindicalismo alternativo, aunque crece poco a poco, es todavía mínimo, que el anarcosindicalismo no tiene arraigo en España puesto que los que tienen las siglas no participan en las elecciones pero tampoco están presentes en las manifestaciones y en los actos, salvo los suyos, y los que no tienen las siglas y participan en las elecciones salen a la calle, pero no pueden convocar una huelga general porque no la harían ni sus propios afiliados. Lo peor de todo, es que la autocrítica prácticamente no existe entre estas organizaciones, desde los sindicatos nacionalistas, hasta CGT o CNT, y sus estructuras, basadas en el concepto “región”, impiden que puedan ser incluso funcionales, pero es que también tienen liberados sindicales y algunos trabajan en fundaciones y haciendo de todo menos hablar del presente, de la crisis económica y de cómo movilizar a la gente en los barrios o en los centros de trabajo.

Así, pues, el segundo reto que nos planteamos actualmente es que LAS CONVOCATORIAS Y ACCIONES DE QUIENES QUEREMOS SALIR A LA LUCHA TIENEN QUE SER UNITARIAS, ya no hay excusas como “yo soy más puro y yo no voy con estos”, “no me gustan los de Comisiones y UGT”, “yo monto mi propia organización, mi manifestación y el resto que me siga”, “yo sólo hablo vasco o catalán”, eso son excusas que conducen a lo que hoy se ve, una atomización y una fragmentación sin precedentes, en la educación, por ejemplo, convocando huelgas en días distintos en regiones distintas, existiendo tres o cuatro manifestaciones el Primero de Mayo en la misma ciudad. Así, es imposible que la clase obrera pueda hacer algún tipo de demostración de fuerza para frenar los ataques continuos del capital. Nos tendremos que comer nuestros propios egos y crear discusiones en nuestras respectivas organizaciones sindicales y políticas de por qué no vamos todos juntos, y en el mejor de los casos crear ASAMBLEAS POPULARES, abiertas, democráticas, en las plazas públicas, donde la gente pueda expresar su opinión, y discuta qué se puede hacer. Volver a encerrarnos en nuestras sedes y no estar en la calle será nuestra derrota, y esta vez puede que sí, la definitiva. Acciones unitarias en el que las masas puedan cuestionar incluso lo que está haciendo esta clase de dirigentes de las organizaciones sindicales o políticas y no se dejen domesticar por estas.  

La fuerza del capital es enorme, no sólo Zapatero es un títere del capital financiero, todos los gobiernos europeos se ha lanzado a cumplir las exigencias de los grandes organismos internacionales; primero endeudaron a los estados y ahora imponen durísimos recortes salariales y sociales. Por esto, nuestro tercer reto, no puede ser otro que MIRAR A EUROPA Y PREPARAR LA LUCHA INTERNACIONAL contra el capital., y si para frenar al capital hay que convocar una HUELGA GENERAL EN TODA LA UNIÓN EUROPEA, pues hay que hacerla. Entonces, millones de trabajadores aprenderemos qué es el Internacionalismo proletario y el sentido de la frase del Manifiesto Comunista, ¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!

Puedes descargar esta Hoja Informativa (en formato word/pdf) en la sección Alternativa Proletaria


Frente a la crisis capitalista, ¡trabajadores de todos los países, uníos!

febrero 25, 2010

Alternativa Proletaria, 24 de febrero de 2010

Frente a la crisis capitalista, ¡trabajadores de todos los países, uníos!

Los trabajadores que conformamos Alternativa Proletaria entendemos que el capitalismo se encuentra en una fase de crisis en la que va a permanecer mucho tiempo. Crisis muy distinta a la que padecimos en 1993 y que nos llevó a la precarización de nuestras vidas. Ahora los capitalistas necesitan, en primer lugar, facilitar y abaratar el despido de mano de obra para reducir sus costes de producción, o bien, sustituirla por otra más barata y sumisa; en segundo lugar, aumentar la jornada y la vida laboral; y, por último, congelar o reducir el salario. La crisis ha destruido más de cincuenta millones de empleos en todo el mundo, y la salida capitalista a la misma no supondrá la creación de los mismos puestos de trabajo.

El capital subsiste porque extrae su beneficio del trabajo asalariado. Y existe un tipo de trabajo asalariado que, en estos momentos, quiere ser transformado prácticamente en trabajo esclavo. Ese es el trabajo que están desempeñando los millones de trabajadores que residen en nuestro país y que han nacido en el extranjero. Mano de obra joven que ha sido trascendental, desde mediados de los años noventa, para algunos sectores económicos como la agricultura, la construcción, la hostelería, el comercio y el servicio doméstico. Quienes han contratado abundante mano de obra extranjera han conseguido unos beneficios como no se recordaban en nuestra historia económica reciente, o mejor dicho, han realizado la sobreexplotación más importante de nuestra historia económica reciente.

Actualmente, viven en España más de cinco millones y medio de personas nacidas fuera de nuestras fronteras. Los barrios habitados casi en su mayoría por “extranjeros” existen en casi todas las grandes ciudades. Siguen entrando en torno a cuatrocientos mil al año, pero como novedad, en 2009, han empezado a salir más. Estos trabajadores están siendo una de las grandes víctimas de la crisis capitalista. ¿Han ocupado o no los puestos de trabajo peor pagados, los más peligrosos o los que nadie quería? En España, en los últimos años casi el 90% del empleo que se creaba era eventual, y este ha sido fundamentalmente el que se ha destruido con la crisis. Para los extranjeros, éste era casi el único tipo de contrato que tenían, de ahí que las cifras del paro entre los “trabajadores inmigrantes” lleguen al 28%, especialmente en la construcción.

La solución que plantean el gobierno y los empresarios a los más de cuatro millones de parados, y de éstos al gran número de trabajadores extranjeros, es la recolocación en otros sectores económicos. ¿Pero en qué otros sectores económicos vamos a trabajar si durante años se ha potenciado que exista una gran mano de obra barata y mal cualificada? Por supuesto, tampoco vamos a eximirnos de responsabilidad, los trabajadores (autóctonos y extranjeros) hemos caído en la trampa del capital, nos hemos dejado llevar con la euforia especuladora, y ahora, sin embargo, estamos aceptando trabajar más y cobrar incluso menos. Pero sabemos también que esto es la dictadura del mercado laboral, o aceptas o a la calle. Es la lucha de clases y en épocas de crisis se acentúa. A corto plazo, entendemos que la solución es el reparto del trabajo, sin reducción de salarios, donde están trabajando dos casi seguro que pueden trabajar tres.

El capital no tiene fronteras y no mira la nacionalidad de aquel a quien puede extraerle el beneficio, la plusvalía. Los capitalistas utilizan el Estado como instrumento de su poder. En el momento en el que lo necesitan para desarrollar toda una política contra la clase trabajadora fortalecen la represión y el control policial. Los “trabajadores inmigrantes” en todo el mundo están siendo perseguidos, humillados, detenidos y, a veces, asesinados. En la Europa del capital, en Italia, se pretende crear una especie de permiso de residencia por puntos, “que obligará a los extranjeros a superar diversas pruebas y exámenes en dos años para residir legalmente en el país”; mientras tanto, el gobierno francés pretende recortar aún más los “derechos de los irregulares”, acelerar los procedimientos de repatriación y crear “zonas de espera para los indocumentados”.

Todas la medidas que se están desarrollando en España contra estos millones de trabajadores, a los que se les da el calificativo únicamente de “inmigrantes”, para no llamarlos trabajadores y crear así una mayor y profunda división entre el proletariado, van en la misma dirección. Una división, “autóctonos e inmigrantes”, y ciertas ideas, como por ejemplo, la identificación entre “inmigración y delito”, o que “ya no hay trabajo para todos y que es necesario que se vuelvan a su país”, han calado profundamente en la sociedad española. Las diferentes medidas como: la nueva ley de extranjería, la negativa al empadronamiento en algunos ayuntamientos o la nueva circular policial sobre expulsiones de extranjeros son claros ejemplos de este ataque generalizado contra esta parte de la clase trabajadora.

Los ataques que están sufriendo en materia de derecho de residencia son gravísimos. La burguesía en el poder está intentando utilizar los ayuntamientos para intentar recortar los derechos de quienes quieren inscribirse en una localidad. Pero, ¿qué hay detrás del debate del no empadronamiento? ¿Tienen miedo los políticos a que los inmigrantes voten en las próximas elecciones europeas? ¿Sólo se pretendía que no tuvieran el derecho a la sanidad y a la educación? Muchos ayuntamientos españoles se encuentran en situación de quiebra técnica, y en algunos casos financiera. Han reducido el presupuesto para cualquier gasto social, como, por ejemplo, en materia de integración. A su vez, el capitalismo en crisis se dota de una ideología nacionalista y crea sus imágenes o ideas falsas, sus mentiras, sus mitos, que utiliza para ahondar la división de la clase trabajadora. Estas ideas son propagadas en la sociedad, ¿cuántas veces hemos escuchado que los  inmigrantes han colapsado la sanidad o la educación, que vienen a quitarnos el trabajo y tienen la culpa del paro, que sólo quieren las prestaciones sociales o que ellos vienen sin papeles y nosotros, los españoles, nos íbamos con papeles a trabajar a Francia o a Alemania?

Se pretende endurecer las condiciones de entrada y acogida. Las mafias y las redes de traficantes de personas imponen su ley. Buscan que los trabajadores extranjeros se hagan más sumisos. Los capitalistas pretenden avivar la competitividad entre trabajadores inmigrantes y nacionales, y favorecer la retórica de que los inmigrantes son los culpables de la situación de crisis laboral, la congelación de los salarios y el abaratamiento del despido. En época de bonanza económica no importaba que estuvieran regularizados o que las empresas pagasen sus impuestos por tenerlos contratados, pero ahora, para extraer mayores beneficios, los capitalistas entienden que deben fortalecer la economía sumergida o informal con el empleo de los “inmigrantes”, y de paso, evitar también que los pocos ahorros que han acumulado puedan salir de nuestras fronteras. Ahora estos trabajadores serán obligados a no tener contratos y a moverse geográficamente por todo el territorio. Las cifras lo dicen todo: el 54% de los trabajadores extranjeros ya se encuentran en la economía sumergida. Las consecuencias van a ser múltiples, desde dificultar el acceso a la justicia gratuita, las restricciones en el acceso al reagrupamiento familiar, el alargamiento del proceso de internamiento desde 40 a 60 días para los irregulares, etc. Del supuesto paraíso esto se ha transformado en un verdadero infierno.

Echamos en falta el internacionalismo proletario de las organizaciones obreras. Al colaborar con la burguesía, ya sólo existen para ellas mismas, y no para el conjunto de la clase trabajadora; es más, al dejar de tener presencia en los barrios obreros y en los centros de trabajo, y lo peor de todo, al no combatir en la calle las medidas explotadoras y la ideología capitalista de la precarización del trabajo y el rechazo al “extranjero”, han dejado el espacio libre para el racismo, la xenofobia y otras pestes. La burocracia sindical y buena parte de los partidos autoproclamados de izquierda han colaborado y consentido en la actual situación de los inmigrantes. Es muy importante la denuncia permanente de colectivos que trabajan con inmigrantes y ONGs y sus reclamaciones: la regularización para todos; el cierre inmediato de los centros de internamiento; el cese de los controles, detenciones y expulsiones; la eliminación de las restricciones para el reagrupamiento familiar y la igualdad en derechos, etc., e igualmente, la movilización internacional que se está preparando para el próximo 1 de marzo, puede ser una buena oportunidad para luchar por los derechos de todos. Pero creemos que hay que darle un sentido de clase; tenemos que rechazar los límites nacionales, y unirnos con los mal llamados “extranjeros” como clase trabajadora, para superar la crisis.

¡La lucha de los trabajadores es la única salida a la crisis!

Contacto: alterprol@gmail.com

Puedes descargar esta Hoja Informativa (en formato word/pdf) en la sección Alternativa Proletaria


Frente a las mentiras del gobierno, ¡Organízate y Lucha!

octubre 26, 2009

Alternativa Proletaria, 26 de Octubre de 2009

Frente a las mentiras del gobierno, ¡Organízate y Lucha!

El gobierno de Zapatero nos dice ahora que lo peor de la crisis ha pasado. Miente, como ha mentido durante todo este tiempo. Durante meses, negaron que la crisis existiera. Y a todos los que sencillamente reconocíamos la realidad, nos acusaban de alarmistas y de hacerle el juego al PP, que es tan responsable de la crisis como el PSOE. Cuando finalmente tuvieron que admitir la gravedad de la situación, sin reconocer sus errores y mentiras, nos dijeron que confiáramos en ellos y en las medidas que estaban tomando, y que pronto veríamos la recuperación. Pero el resultado de todo este proceso es que desde comienzos de 2008 el número de parados se ha más que duplicado, superando ya los 4 millones; que miles de empresas han cerrado o han despedido a muchos de sus trabajadores; que ha aumentado el número de personas pobres, que no pueden hacer frente a sus necesidades más básicas (vivienda, alimentación); que la economía sumergida crece, aumentando la precariedad y la explotación. Y que el gobierno lo único que ha hecho en realidad es regalar millones y millones de euros a las grandes empresas y bancos, mientras que a los trabajadores nos dejaba las miserias.

Si se analiza lo que el gobierno ha ido haciendo realmente, sus mentiras quedan al descubierto.

Durante los últimos meses de 2008 y comienzos de 2009, el gobierno asistió sin hacer nada a la quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas, asfixiadas por lo que le debían las propias administraciones, en especial las municipales. Esas empresas dejaron en la calle a cientos de miles de trabajadores, y las economías de muchas localidades se arruinaron. En lugar de dar dinero a los ayuntamientos para que pagaran sus deudas, se actuó a favor de las grandes empresas, ayudando a la concentración por la vía de la eliminación de las pequeñas. Mientras, los bancos recibían ayudas millonarias que revertían sólo en sus beneficios. Y se permitía a las grandes empresas que hicieran Expedientes de Regulación de Empleo y despidos masivos.

Después se anunciaron una serie de medidas especiales para paliar los efectos de la crisis. La más destacada es el Plan E. Ese dinero podía haber servido para que los ayuntamientos pagasen lo que debían y desarrollasen iniciativas útiles para los trabajadores y los ciudadanos. Pero esos fondos estaban destinados a enriquecer a grandes empresas, a través de sus contratas especialmente. El caso de FCC (Fomento de Construcciones y Contratas, la empresa de las Koplovitz) es quizás uno de los más significativos. Porque además, se impedía que los ayuntamientos gestionasen directamente los fondos, a través de empleo público de calidad en aquellas actividades que los municipios considerasen convenientes. Todo estaba diseñado para esas grandes empresas, dedicadas a obras públicas en muchos casos inútiles o que no eran prioritarias (alquitranado de calles,…). Eso sí: los plazos estaban pensados para que justo antes de las Elecciones Europeas se pudiese sacar una cifra de reducción del paro.

Así fue: se nos vendió a bombo y platillo que el paro había descendido en Mayo, diciendo incluso que eso era una muestra de cambio en la tendencia y de salida a la crisis. Y que era gracias al Plan E. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que lo que en realidad habían hecho era amortiguar la destrucción de empleo, maquillar los resultados. Ni para saber que los empleos que se destruyen son mucho mejores que los que el Plan E crea. Porque los trabajos del Plan E están muy mal pagados y son precarios y temporales (casi todos oscilan entre unos pocos días y 3 meses). Tras las elecciones, la Encuesta de Población Activa nos devolvió a la dura realidad y evidenció las mentiras gubernamentales: el paro seguía creciendo de forma masiva. El Plan E ha creado ya 420.636 puestos de trabajo. Pero los parados son 4.123.300.

Como la situación de muchos desempleados era pésima (en verano, más de 1 millón habían agotado las prestaciones), el gobierno tuvo que ampliar los subsidios, a través de los famosos 420 euros. Pero no lo hizo para todos, abandonando a su suerte a los que más tiempo llevan sin cobrar nada. Y como para pedir el subsidio hay que realizar una serie de acciones formativas (que impiden trabajar), muchos parados ni siquiera lo han solicitado. Porque ese dinero, esa miseria, no es suficiente para vivir, y muchos parados necesitan buscarse la vida en la economía sumergida, ilegal. ¿No tenía previsto esto el gobierno? Cada uno deberá pensar lo que quiera, pero lo cierto es que es más fácil destinar fondos cuando se sabe que no se van a gastar.

Ahora se nos dice que se va a cambiar el modelo productivo. Pero en realidad, al igual que están haciendo todos los gobiernos, se va a subvencionar, con dinero de todos, que las grandes empresas se adapten a la nueva realidad y se apropien sin coste de las actividades que sean productivas. Le estamos pagando a los bancos sus inversiones especulativas que llevan a la miseria a millones de personas. Le estamos pagando a los especuladores del ladrillo que se reconviertan en empresas beneficiarias de obras públicas e incluso, como pasa en Madrid con FCC, en empresas sanitarias. Le estamos pagando a las grandes eléctricas que se queden con el negocio de las renovables (unas energías que pueden cambiar también socialmente el modelo energético); le estamos pagando a las multinacionales del automóvil su reconversión ante el agotamiento del petróleo; y estamos entregando los servicios y suministros públicos esenciales (sanidad, educación, agua, limpieza,…) a las multinacionales y sus contratas sin que les cueste ni un euro.

Y, para pagar todas estas cosas, el gobierno ha iniciado un cambio en su política fiscal, en los impuestos. Se nos dijo que las rentas más altas iban a costear la protección de los más débiles y el mantenimiento de los servicios públicos. Pero al final el propio gobierno ha tenido que reconocer que esto no es cierto. Seremos los trabajadores, los asalariados, los que de nuevo paguemos los gastos del gobierno. Trabajadores, autónomos y la pequeña burguesía (a la que la crisis y el gobierno condenan a empobrecerse y convertirse en proletarios). Las grandes fortunas y las grandes empresas tienen garantizado que ellos no pagarán. Al contrario. Las más grandes subvenciones las siguen y seguirán recibiendo ellos, con la excusa del mantenimiento del empleo y de la economía en general. Y se les sigue permitiendo que hagan lo que quieran, que dediquen el dinero público que se les regala a sus beneficios, y que sigan despidiendo trabajadores.

Ante todo esto, ¿qué podemos hacer los trabajadores? Desde luego, confiar en los gobernantes no. Porque ellos son lacayos de la patronal y las multinacionales. Tenemos que plantear alternativas que sirvan a los intereses de la clase trabajadora. Y tenemos que defender esas alternativas a través de la lucha contra el capital, los capitalistas y sus burócratas.

La crisis para nada ha acabado. Y la conflictividad laboral y social aumenta, lo reconocen hasta los empresarios. En esos conflictos, los trabajadores debemos plantear propuestas que ataquen al corazón del sistema capitalista, y que prefiguren una sociedad nueva y distinta, en la que cuenten los intereses de la inmensa mayoría. Por eso, frente a los despidos, EREs y cierres, tenemos que ocupar las empresas en crisis y autogestionarlas, obligando al poder político a reconocer ese proceso. Como hacen nuestros hermanos en Argentina y en otros países, mostrándonos el camino. Por eso, frente a los subsidios de miseria tenemos que exigir el reparto del trabajo, y con él de la riqueza, entre todos. Y frente a las subvenciones a intereses privados tenemos que exigir que todo el dinero público sea invertido y gestionado de forma pública.

¡La lucha de los trabajadores es la única salida a la crisis!

Puedes descargar esta Hoja Informativa (en formato word/pdf) en la sección Alternativa Proletaria


Frente al paro y la precariedad, ¡organízate y lucha!

octubre 8, 2009

Alternativa Proletaria, 8 de octubre de 2009

Frente al paro y la precariedad, ¡organízate y lucha!

Desde el mes de Marzo, las diferentes Asambleas de parados que se han ido constituyendo en ciudades y pueblos de todo el país han venido realizando acciones de protesta. En Madrid ocuparon simbólicamente una oficina del INEM; en Córdoba realizaron una concentración, en Barcelona también lo hicieron pidiendo empleo frente al Ayuntamiento y ocuparon un edificio municipal; en Morón se encerraron en el Ayuntamiento, lo mismo pasó en Úbeda, donde se le exigió al alcalde que se comprometiera a emplear a los parados de la localidad en las obras que se iban a ejecutar; en Murcia se hizo una marcha en la que participaron unas cuatrocientas personas, en Vizcaya, Sabadell, Tarrasa, Granada, etc.

Y tras el verano, el 2 de Septiembre los miembros de la Asamblea de parados de Málaga se concentraron frente a la Delegación de Empleo y “acordaron seguir concienciando y movilizando a la población ante el problema del paro, así como mejorar la coordinación entre ellas, con el fin de conseguir mayor afluencia en próximas concentraciones”; el 11 de Septiembre los parados de Barcelona, junto a los trabajadores de las empresas en crisis, intervinieron en la Diada de Cataluña y acusaron al gobierno tripartito de hacer políticas antiobreras; el día 12 centenares de personas se manifestaron en las calles de Bailén; el 19 se realizó una marcha por el empleo en Jaén en la que participaron unas 250 personas; el 26 hubo una concentración en Bilbao en defensa del reparto del empleo y por un salario digno,…; y el 4 de Octubre, en Sevilla, en la manifestación contra el paro y la precariedad, miles de personas gritaron “que la crisis la paguen los capitalistas”.

El aumento del paro, con más de 4.200.000 desempleados, y la incapacidad de dar repuesta a esta difícil situación por parte de los sindicatos, son las razones por las que los parados y paradas se organizaron en Asambleas locales o Plataformas. Con todas sus limitaciones y dificultades. Pero ellos y ellas saben, mejor que nadie, que si no luchan por conseguir un puesto de trabajo nadie se lo va a dar.

Lo primero que realizaron, en casi todos los sitios, fue dirigirse a los Ayuntamientos, a la desesperada, en busca de alguna solución laboral, aunque sea temporal. Sin embargo, tras el despilfarro económico de estos años atrás y las deudas que arrastran, la situación de los Ayuntamientos, en quiebra técnica y prácticamente en quiebra financiera, no parece indicar que por sí mismos puedan garantizar la creación de puestos de trabajo estables. Los Ayuntamientos, prácticamente, lo único que han podido ofrecer a los parados y paradas ha sido: poder inscribirse en nuevas bolsas de trabajo; participar en el escaso y temporal empleo que se pueda generar gracias a los planes del gobierno o los fondos de inversión regionales, o bien, derivarlos a Asuntos Sociales para que les atiendan sus demandas más básicas. Para muchas familias existe una auténtica necesidad de asegurarse la subsistencia, algo que en esta crisis económica no les está garantizado.

Otra salida ofrecida es la formación, pero el horizonte no es nada halagüeño. Los cursos para parados que se imparten por parte de patronales, sindicatos y academias privadas son, en la mayoría de los casos, de dudosa calidad. Funcionan ante todo como empresas, y hacen lo que sea para recibir más dinero. Como resultado, las personas no salen medianamente cualificadas, lo que les deja sin opciones de salida. Pero el parado “sale satisfecho” porque obtiene un título que le da esperanzas, y la evaluación que hace del curso es buenísima, lo que sirve para que se concedan y financien más cursos. El “mamoneo” de dichas academias en el INEM de turno es lamentable. En estos tiempos de crisis es necesaria una formación de calidad y pública, y por supuesto evitar estas historias y que unos cuantos hagan negocio a costa de los parados.

El gobierno, por su parte, sabía perfectamente cómo sería la evolución del paro. Lo único que ha hecho es esperar al verano y al auge del turismo, entregar dinero a las constructoras para obras y hacer propaganda de un cambio de modelo productivo en nuestra economía que no se ve por ningún lado. Con esto creían que acallarían a los trabajadores. Mientras tanto, el partido ¿socialista? en el poder repartía millones entre los bancos y las grandes empresas. Pero permitía que se destruyesen, sólo en un año, más de un millón de puestos de trabajo. Ante la presión de los sindicatos, el gobierno tuvo que ampliar (ni siquiera salió de él) la nueva prestación social, esos 420 miserables euros, para evitar, a corto plazo, que los parados tuvieran que mendigar a las puertas de Cáritas.

A pesar de que nos quieran engañar hablándonos de lenta recuperación económica y de los famosos brotes verdes, no existe un verdadero programa para crear empleo. De hecho, lo que se nos avecina podría ser un ligero repunte económico sin crear puestos de trabajo. El capitalismo ya no sabe qué hacer con toda esta población sobrante. El paro y la precariedad laboral seguirán siendo utilizados para someter aún más a los trabajadores.

La economía capitalista en España, basada en la especulación inmobiliaria, en el ladrillo, en el turismo de sol y playa y en la destrucción del medioambiente, no podrá ya incorporar tanta mano de obra parada al mercado laboral. Lo único que se está haciendo es cambiar el ladrillo por el cemento. La solución que aporta el gobierno es seguir dando dinero público a las empresas privadas con la excusa del mantenimiento del tejido productivo. Así está pasando, por ejemplo, en el sector del automóvil. Mientras, la solución para la patronal y el Partido Popular es flexibilizar, aún más si cabe, el mercado laboral y abaratar la contratación y el despido.

Los parados y paradas siguen yendo a las oficinas del INEM y buscándose la vida. Aunque sea en una “economía sumergida” que supera ya al 20% del PIB y aceptando trabajar sin contratos laborales. La consecuencia directa en el mercado laboral, si no se invierte esta tendencia con la lucha de los trabajadores, será la extensión aún más de la precariedad laboral. Así el proletariado será sometido y doblegado una vez más.

LA SALIDA A ESTA CRISIS NUNCA PODRÁ SER INDIVIDUAL. TIENE QUE SER COLECTIVA. A pesar de la apatía y desmovilización social que parecemos vivir, y de la desconfianza de los trabajadores hacia las organizaciones políticas y sindicales que dicen representarlos. Afortunadamente, todavía hay parados y paradas que combaten y luchan por sus derechos y quieren transformar esta realidad. Sus acciones van mucho más allá de la simple protesta y están sirviendo para crear tablas reivindicativas útiles. Estas propuestas son algo más que declaraciones de principios: reparto del trabajo con jornadas laborales entre 30 y 35 horas semanales, la prohibición de los despidos y los EREs, un salario digno con la subida del salario mínimo a como mínimo mil euros, la prohibición de las horas extraordinarias, etc. Son propuestas que verdaderamente pueden permitir, a corto plazo, la creación de puestos de trabajo indefinidos. Un empleo público, digno, y sostenible con el medioambiente.

Romper con la dinámica actual, unificar las luchas, extenderlas y crear una verdadera movilización social son las tareas que todos los trabajadores tenemos por delante.

¡ORGANÍZATE Y LUCHA!

Puedes descargar esta Hoja Informativa (en formato word/pdf) en la sección Alternativa Proletaria