Frente a la Barbarie en la que nos hunde el Capitalismo, ¡a la HUELGA el 29 de Septiembre!

septiembre 22, 2010

Esta nueva crisis del capitalismo ha hecho que treinta millones de personas más pierdan su puesto de trabajo. Y ya son más de doscientos millones de parados en todo el mundo, sin contar los millones que ni siquiera tienen derecho a que se les considere oficialmente desempleados. La precariedad y la pobreza se instalan incluso en los países más desarrollados, y entre los más de 1000 millones de pobres que existen hay que incluir a uno de cada siete norteamericanos. Una realidad impensable para la mayoría hace tan sólo una década, cuando los mismos que ahora nos dicen que esto es así y que tenemos que aguantarnos nos engañaban hablándonos de progreso y desarrollo infinitos. Pero no, el capitalismo está en crisis, una crisis total que dinamita su propia esencia, pues “para existir el capital tiene que crecer, es decir, adquirir un nuevo valor”. Y ya no puede. El capitalismo está en recesión, no sabe cómo seguir adquiriendo nuevo capital, no sabe de dónde acumular mayor riqueza y valor. Sólo tiene una salida: hundir aún más en la pobreza a millones de trabajadores, robándoles más de su salario, y privatizar lo poco que queda, en algunos países, de propiedad pública para hacer negocio con las necesidades básicas de la población: el agua, la sanidad, la educación, los transportes, etc.

Esto no es catastrofismo: es la realidad que sufrimos diariamente los trabajadores. Mientras, la contradicción inherente del capitalismo se refleja también en cifras: los beneficios empresariales siguieron creciendo en estos años, mucho más que los costes laborales. Esto significa que el poder adquisitivo de millones de trabajadores ha disminuido en los últimos años, incluso en los periodos de crecimiento económico. Otro dato evidente, y que vemos en nuestras ciudades y pueblos, es que el endeudamiento de las familias es inversamente proporcional al enriquecimiento del capital financiero, de los bancos, las constructoras y las inmobiliarias. Con la crisis, la importancia de las rentas del trabajo está disminuyendo, lógicamente, por el incremento del paro y por el deterioro de las condiciones laborales. Es decir, lo que estamos viendo todos los días: muchos trabajadores para ganarse la vida “aceptan” trabajar sin contrato, más horas o de aquí para allá, haciendo lo que se puede y lo que les dejan. 

Pero esta crisis, precisamente por ser internacional, ha hecho que los trabajadores adquiramos mayor conciencia de lo que somos, la fuerza de trabajo explotada todos los días por los capitalistas y sus estados. Esta conciencia sí creemos que, en estos últimos años, se ha desarrollado entre los trabajadores. Una conciencia de clase, de lo que uno es en realidad y del papel que uno ocupa realmente en la sociedad. A su vez, hemos visto también cómo se ha fortalecido la idea de que sólo la solidaridad entre el proletariado de todos los países puede sacarnos de la crisis.

Esa conciencia es consecuencia y causa de la mayor conflictividad laboral y social existente en muchísimos países. Los datos de huelgas, huelguistas, manifestaciones y reivindicaciones lo dicen todo, aunque las televisiones del sistema no informen de ello. Desde España a la India, desde China a Francia, desde México a Grecia, desde Sudáfrica a Argentina, desde Estados Unidos a Islandia. Por todas partes se extienden y se endurecen las movilizaciones. El capital es el que nos empuja a la lucha por la subsistencia y a la lucha para vivir mejor, y es el que nos empuja a los trabajadores a que establezcamos lazos comunes, al darnos cuenta de que sólo así podemos conseguir nuestros derechos. La consigna de una Jornada de Lucha Internacional para el próximo 29 de Septiembre, especialmente en toda Europa, es una prueba de ello; como lo es también la solidaridad internacional que ha habido, especialmente, con las luchas de los trabajadores griegos, con las huelgas en México, Portugal, Francia o las que se están produciendo en Egipto, China o India, donde cientos de millones de trabajadores tienen como reivindicaciones mejores salarios y mejores condiciones laborales.

En estas luchas y conflictos también estamos viendo reflejado cómo la conciencia de la necesidad de un cambio radical también crece. Los trabajadores no sólo critican abiertamente en ellas a los capitalistas, a los empresarios y a los bancos, sino también a sus gobiernos, a sus estados y a las instituciones internacionales, que son el instrumento de la clase dominante. Los trabajadores ven que no hay esperanza en esos gobiernos que aplican la dictadura de las leyes del mercado, y que no van a hacer nada por impedir esta dinámica bárbara y destructiva. Por el contrario, los gobiernos cada vez protegen menos a los trabajadores, hundiendo el gasto público social y los derechos laborales, a través de reformas laborales, recortes de todo tipo, aumentos en la edad y los requisitos para jubilarse,… Es lo que ha hecho el gobierno de Zapatero y por eso los trabajadores haremos Huelga General el próximo 29 de Septiembre. Los gobiernos se han convertido en un auténtico peligro para la clase obrera, pues no sólo entregan el dinero de todos a los bancos, sino que nos lo hacen pagar a nosotros, los trabajadores.

La solidaridad internacional surgida de la necesidad, de la realidad económica material que vivimos, también se expresa en las reivindicaciones, que son las mismas en todos los países: el reparto de la riqueza y el trabajo, mejores salarios y mejores condiciones laborales, una jubilación digna para todos y cuanto antes mejor, el mantenimiento de los servicios públicos y sociales, etc. Hacía muchos años que no veíamos tantas protestas, paros, huelgas y manifestaciones en las que el proletariado tomaba conciencia de lo que es; hacía mucho tiempo que no veíamos a tantos jóvenes y trabajadores participando en reuniones, asambleas y manifestaciones; y hacía mucho tiempo que no veíamos como el “internacionalismo proletario” crecía en todos sitios. Y no sólo entre los trabajadores más conscientes, sino entre muchos otros, entre quienes nunca han leído El Capital de Marx ni estaban acostumbrados a luchar. Incluso vemos como son rechazadas las trampas que el sistema nos tiende a cada paso para distraernos: el nacionalismo, el localismo, la xenofobia, el racismo y el individualismo no calan entre la mayoría por más que el sistema lo intente, porque sencillamente, la mayoría no somos tontos y sabemos que el capitalismo es el verdadero enemigo. Se está propagando un internacionalismo proletario como única respuesta al capitalismo, y en nuestras manos está fomentarlo en nuestros trabajos y en nuestros barrios. Y también darle forma, moldearlo, y conseguir que las luchas no sean ni defensivas ni ofensivas, sino luchas todas contra el capital y sus gobiernos: para construir una sociedad sin propiedad privada, sin clases sociales y sin estados, donde nadie pueda apropiarse de la riqueza de todos.

Hay un interés común y es que no se quiere gestionar el capitalismo y su riqueza burguesa, se quiere producir riqueza por y para los trabajadores. Esto se ve, por ejemplo, en las ocupaciones de fábricas o empresas que se han producido en muchos países en los últimos años, especialmente en Argentina, pero también en Alemania o España. Además, se ve en las Asambleas de trabajadores, como ha pasado en España (en Madrid) en la última huelga del Metro: porque la gente empieza a entender que ellos y ellas son los que hacen que las cosas funcionen, que no hacen falta empresarios y políticos, y menos aún burocracia sindical para firmar convenios colectivos a la baja, ni organizaciones caducas que no nos representan. Una nueva conciencia que dice ¿para qué pactar si siempre salimos perdiendo? está calando hondo entre los trabajadores. Esta nueva imposición capitalista ha hecho que de la cultura del pacto y la negociación con el capital se pase a una cultura de la resistencia y, desde ahí, a que “la cultura socialista radical, crítica, democrática y asamblearia” se refuerce.

Sabemos que la barbarie capitalista continuará hasta que los trabajadores construyan el socialismo. Por eso, los compañeros que integramos Democracia Comunista Internacional participaremos en todas las luchas, aportando nuestra perspectiva internacionalista e intentando que los trabajadores se autoorganicen en Asambleas, populares y unitarias, y que éstas hagan que las luchas y las Huelgas Generales pasen a ser verdaderos procesos de Huelgas de Masas. Porque la emancipación de los trabajadores sólo será obra de los propios trabajadores.

DCI-OML, 22 de Septiembre de 2010


Frente a las mentiras del gobierno, ¡Organízate y Lucha!

octubre 26, 2009

Alternativa Proletaria, 26 de Octubre de 2009

Frente a las mentiras del gobierno, ¡Organízate y Lucha!

El gobierno de Zapatero nos dice ahora que lo peor de la crisis ha pasado. Miente, como ha mentido durante todo este tiempo. Durante meses, negaron que la crisis existiera. Y a todos los que sencillamente reconocíamos la realidad, nos acusaban de alarmistas y de hacerle el juego al PP, que es tan responsable de la crisis como el PSOE. Cuando finalmente tuvieron que admitir la gravedad de la situación, sin reconocer sus errores y mentiras, nos dijeron que confiáramos en ellos y en las medidas que estaban tomando, y que pronto veríamos la recuperación. Pero el resultado de todo este proceso es que desde comienzos de 2008 el número de parados se ha más que duplicado, superando ya los 4 millones; que miles de empresas han cerrado o han despedido a muchos de sus trabajadores; que ha aumentado el número de personas pobres, que no pueden hacer frente a sus necesidades más básicas (vivienda, alimentación); que la economía sumergida crece, aumentando la precariedad y la explotación. Y que el gobierno lo único que ha hecho en realidad es regalar millones y millones de euros a las grandes empresas y bancos, mientras que a los trabajadores nos dejaba las miserias.

Si se analiza lo que el gobierno ha ido haciendo realmente, sus mentiras quedan al descubierto.

Durante los últimos meses de 2008 y comienzos de 2009, el gobierno asistió sin hacer nada a la quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas, asfixiadas por lo que le debían las propias administraciones, en especial las municipales. Esas empresas dejaron en la calle a cientos de miles de trabajadores, y las economías de muchas localidades se arruinaron. En lugar de dar dinero a los ayuntamientos para que pagaran sus deudas, se actuó a favor de las grandes empresas, ayudando a la concentración por la vía de la eliminación de las pequeñas. Mientras, los bancos recibían ayudas millonarias que revertían sólo en sus beneficios. Y se permitía a las grandes empresas que hicieran Expedientes de Regulación de Empleo y despidos masivos.

Después se anunciaron una serie de medidas especiales para paliar los efectos de la crisis. La más destacada es el Plan E. Ese dinero podía haber servido para que los ayuntamientos pagasen lo que debían y desarrollasen iniciativas útiles para los trabajadores y los ciudadanos. Pero esos fondos estaban destinados a enriquecer a grandes empresas, a través de sus contratas especialmente. El caso de FCC (Fomento de Construcciones y Contratas, la empresa de las Koplovitz) es quizás uno de los más significativos. Porque además, se impedía que los ayuntamientos gestionasen directamente los fondos, a través de empleo público de calidad en aquellas actividades que los municipios considerasen convenientes. Todo estaba diseñado para esas grandes empresas, dedicadas a obras públicas en muchos casos inútiles o que no eran prioritarias (alquitranado de calles,…). Eso sí: los plazos estaban pensados para que justo antes de las Elecciones Europeas se pudiese sacar una cifra de reducción del paro.

Así fue: se nos vendió a bombo y platillo que el paro había descendido en Mayo, diciendo incluso que eso era una muestra de cambio en la tendencia y de salida a la crisis. Y que era gracias al Plan E. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que lo que en realidad habían hecho era amortiguar la destrucción de empleo, maquillar los resultados. Ni para saber que los empleos que se destruyen son mucho mejores que los que el Plan E crea. Porque los trabajos del Plan E están muy mal pagados y son precarios y temporales (casi todos oscilan entre unos pocos días y 3 meses). Tras las elecciones, la Encuesta de Población Activa nos devolvió a la dura realidad y evidenció las mentiras gubernamentales: el paro seguía creciendo de forma masiva. El Plan E ha creado ya 420.636 puestos de trabajo. Pero los parados son 4.123.300.

Como la situación de muchos desempleados era pésima (en verano, más de 1 millón habían agotado las prestaciones), el gobierno tuvo que ampliar los subsidios, a través de los famosos 420 euros. Pero no lo hizo para todos, abandonando a su suerte a los que más tiempo llevan sin cobrar nada. Y como para pedir el subsidio hay que realizar una serie de acciones formativas (que impiden trabajar), muchos parados ni siquiera lo han solicitado. Porque ese dinero, esa miseria, no es suficiente para vivir, y muchos parados necesitan buscarse la vida en la economía sumergida, ilegal. ¿No tenía previsto esto el gobierno? Cada uno deberá pensar lo que quiera, pero lo cierto es que es más fácil destinar fondos cuando se sabe que no se van a gastar.

Ahora se nos dice que se va a cambiar el modelo productivo. Pero en realidad, al igual que están haciendo todos los gobiernos, se va a subvencionar, con dinero de todos, que las grandes empresas se adapten a la nueva realidad y se apropien sin coste de las actividades que sean productivas. Le estamos pagando a los bancos sus inversiones especulativas que llevan a la miseria a millones de personas. Le estamos pagando a los especuladores del ladrillo que se reconviertan en empresas beneficiarias de obras públicas e incluso, como pasa en Madrid con FCC, en empresas sanitarias. Le estamos pagando a las grandes eléctricas que se queden con el negocio de las renovables (unas energías que pueden cambiar también socialmente el modelo energético); le estamos pagando a las multinacionales del automóvil su reconversión ante el agotamiento del petróleo; y estamos entregando los servicios y suministros públicos esenciales (sanidad, educación, agua, limpieza,…) a las multinacionales y sus contratas sin que les cueste ni un euro.

Y, para pagar todas estas cosas, el gobierno ha iniciado un cambio en su política fiscal, en los impuestos. Se nos dijo que las rentas más altas iban a costear la protección de los más débiles y el mantenimiento de los servicios públicos. Pero al final el propio gobierno ha tenido que reconocer que esto no es cierto. Seremos los trabajadores, los asalariados, los que de nuevo paguemos los gastos del gobierno. Trabajadores, autónomos y la pequeña burguesía (a la que la crisis y el gobierno condenan a empobrecerse y convertirse en proletarios). Las grandes fortunas y las grandes empresas tienen garantizado que ellos no pagarán. Al contrario. Las más grandes subvenciones las siguen y seguirán recibiendo ellos, con la excusa del mantenimiento del empleo y de la economía en general. Y se les sigue permitiendo que hagan lo que quieran, que dediquen el dinero público que se les regala a sus beneficios, y que sigan despidiendo trabajadores.

Ante todo esto, ¿qué podemos hacer los trabajadores? Desde luego, confiar en los gobernantes no. Porque ellos son lacayos de la patronal y las multinacionales. Tenemos que plantear alternativas que sirvan a los intereses de la clase trabajadora. Y tenemos que defender esas alternativas a través de la lucha contra el capital, los capitalistas y sus burócratas.

La crisis para nada ha acabado. Y la conflictividad laboral y social aumenta, lo reconocen hasta los empresarios. En esos conflictos, los trabajadores debemos plantear propuestas que ataquen al corazón del sistema capitalista, y que prefiguren una sociedad nueva y distinta, en la que cuenten los intereses de la inmensa mayoría. Por eso, frente a los despidos, EREs y cierres, tenemos que ocupar las empresas en crisis y autogestionarlas, obligando al poder político a reconocer ese proceso. Como hacen nuestros hermanos en Argentina y en otros países, mostrándonos el camino. Por eso, frente a los subsidios de miseria tenemos que exigir el reparto del trabajo, y con él de la riqueza, entre todos. Y frente a las subvenciones a intereses privados tenemos que exigir que todo el dinero público sea invertido y gestionado de forma pública.

¡La lucha de los trabajadores es la única salida a la crisis!

Puedes descargar esta Hoja Informativa (en formato word/pdf) en la sección Alternativa Proletaria


Frente al paro y la precariedad, ¡organízate y lucha!

octubre 8, 2009

Alternativa Proletaria, 8 de octubre de 2009

Frente al paro y la precariedad, ¡organízate y lucha!

Desde el mes de Marzo, las diferentes Asambleas de parados que se han ido constituyendo en ciudades y pueblos de todo el país han venido realizando acciones de protesta. En Madrid ocuparon simbólicamente una oficina del INEM; en Córdoba realizaron una concentración, en Barcelona también lo hicieron pidiendo empleo frente al Ayuntamiento y ocuparon un edificio municipal; en Morón se encerraron en el Ayuntamiento, lo mismo pasó en Úbeda, donde se le exigió al alcalde que se comprometiera a emplear a los parados de la localidad en las obras que se iban a ejecutar; en Murcia se hizo una marcha en la que participaron unas cuatrocientas personas, en Vizcaya, Sabadell, Tarrasa, Granada, etc.

Y tras el verano, el 2 de Septiembre los miembros de la Asamblea de parados de Málaga se concentraron frente a la Delegación de Empleo y “acordaron seguir concienciando y movilizando a la población ante el problema del paro, así como mejorar la coordinación entre ellas, con el fin de conseguir mayor afluencia en próximas concentraciones”; el 11 de Septiembre los parados de Barcelona, junto a los trabajadores de las empresas en crisis, intervinieron en la Diada de Cataluña y acusaron al gobierno tripartito de hacer políticas antiobreras; el día 12 centenares de personas se manifestaron en las calles de Bailén; el 19 se realizó una marcha por el empleo en Jaén en la que participaron unas 250 personas; el 26 hubo una concentración en Bilbao en defensa del reparto del empleo y por un salario digno,…; y el 4 de Octubre, en Sevilla, en la manifestación contra el paro y la precariedad, miles de personas gritaron “que la crisis la paguen los capitalistas”.

El aumento del paro, con más de 4.200.000 desempleados, y la incapacidad de dar repuesta a esta difícil situación por parte de los sindicatos, son las razones por las que los parados y paradas se organizaron en Asambleas locales o Plataformas. Con todas sus limitaciones y dificultades. Pero ellos y ellas saben, mejor que nadie, que si no luchan por conseguir un puesto de trabajo nadie se lo va a dar.

Lo primero que realizaron, en casi todos los sitios, fue dirigirse a los Ayuntamientos, a la desesperada, en busca de alguna solución laboral, aunque sea temporal. Sin embargo, tras el despilfarro económico de estos años atrás y las deudas que arrastran, la situación de los Ayuntamientos, en quiebra técnica y prácticamente en quiebra financiera, no parece indicar que por sí mismos puedan garantizar la creación de puestos de trabajo estables. Los Ayuntamientos, prácticamente, lo único que han podido ofrecer a los parados y paradas ha sido: poder inscribirse en nuevas bolsas de trabajo; participar en el escaso y temporal empleo que se pueda generar gracias a los planes del gobierno o los fondos de inversión regionales, o bien, derivarlos a Asuntos Sociales para que les atiendan sus demandas más básicas. Para muchas familias existe una auténtica necesidad de asegurarse la subsistencia, algo que en esta crisis económica no les está garantizado.

Otra salida ofrecida es la formación, pero el horizonte no es nada halagüeño. Los cursos para parados que se imparten por parte de patronales, sindicatos y academias privadas son, en la mayoría de los casos, de dudosa calidad. Funcionan ante todo como empresas, y hacen lo que sea para recibir más dinero. Como resultado, las personas no salen medianamente cualificadas, lo que les deja sin opciones de salida. Pero el parado “sale satisfecho” porque obtiene un título que le da esperanzas, y la evaluación que hace del curso es buenísima, lo que sirve para que se concedan y financien más cursos. El “mamoneo” de dichas academias en el INEM de turno es lamentable. En estos tiempos de crisis es necesaria una formación de calidad y pública, y por supuesto evitar estas historias y que unos cuantos hagan negocio a costa de los parados.

El gobierno, por su parte, sabía perfectamente cómo sería la evolución del paro. Lo único que ha hecho es esperar al verano y al auge del turismo, entregar dinero a las constructoras para obras y hacer propaganda de un cambio de modelo productivo en nuestra economía que no se ve por ningún lado. Con esto creían que acallarían a los trabajadores. Mientras tanto, el partido ¿socialista? en el poder repartía millones entre los bancos y las grandes empresas. Pero permitía que se destruyesen, sólo en un año, más de un millón de puestos de trabajo. Ante la presión de los sindicatos, el gobierno tuvo que ampliar (ni siquiera salió de él) la nueva prestación social, esos 420 miserables euros, para evitar, a corto plazo, que los parados tuvieran que mendigar a las puertas de Cáritas.

A pesar de que nos quieran engañar hablándonos de lenta recuperación económica y de los famosos brotes verdes, no existe un verdadero programa para crear empleo. De hecho, lo que se nos avecina podría ser un ligero repunte económico sin crear puestos de trabajo. El capitalismo ya no sabe qué hacer con toda esta población sobrante. El paro y la precariedad laboral seguirán siendo utilizados para someter aún más a los trabajadores.

La economía capitalista en España, basada en la especulación inmobiliaria, en el ladrillo, en el turismo de sol y playa y en la destrucción del medioambiente, no podrá ya incorporar tanta mano de obra parada al mercado laboral. Lo único que se está haciendo es cambiar el ladrillo por el cemento. La solución que aporta el gobierno es seguir dando dinero público a las empresas privadas con la excusa del mantenimiento del tejido productivo. Así está pasando, por ejemplo, en el sector del automóvil. Mientras, la solución para la patronal y el Partido Popular es flexibilizar, aún más si cabe, el mercado laboral y abaratar la contratación y el despido.

Los parados y paradas siguen yendo a las oficinas del INEM y buscándose la vida. Aunque sea en una “economía sumergida” que supera ya al 20% del PIB y aceptando trabajar sin contratos laborales. La consecuencia directa en el mercado laboral, si no se invierte esta tendencia con la lucha de los trabajadores, será la extensión aún más de la precariedad laboral. Así el proletariado será sometido y doblegado una vez más.

LA SALIDA A ESTA CRISIS NUNCA PODRÁ SER INDIVIDUAL. TIENE QUE SER COLECTIVA. A pesar de la apatía y desmovilización social que parecemos vivir, y de la desconfianza de los trabajadores hacia las organizaciones políticas y sindicales que dicen representarlos. Afortunadamente, todavía hay parados y paradas que combaten y luchan por sus derechos y quieren transformar esta realidad. Sus acciones van mucho más allá de la simple protesta y están sirviendo para crear tablas reivindicativas útiles. Estas propuestas son algo más que declaraciones de principios: reparto del trabajo con jornadas laborales entre 30 y 35 horas semanales, la prohibición de los despidos y los EREs, un salario digno con la subida del salario mínimo a como mínimo mil euros, la prohibición de las horas extraordinarias, etc. Son propuestas que verdaderamente pueden permitir, a corto plazo, la creación de puestos de trabajo indefinidos. Un empleo público, digno, y sostenible con el medioambiente.

Romper con la dinámica actual, unificar las luchas, extenderlas y crear una verdadera movilización social son las tareas que todos los trabajadores tenemos por delante.

¡ORGANÍZATE Y LUCHA!

Puedes descargar esta Hoja Informativa (en formato word/pdf) en la sección Alternativa Proletaria